23 de septiembre de 2026

Durante 2024, en Chile se generaron 8,2 millones de toneladas de residuos de los que el 98,5% fueron a parar a rellenos sanitarios.

Hoy gran parte de la conversación en materia de sostenibilidad se concentra en el reciclaje y el compostaje, cuando la realidad que muestran los datos es que millones de toneladas de residuos aún siguen llegando cada año a vertederos y rellenos sanitarios. Y en ese contexto es que surge una duda poco frecuente pero muy relevante: ¿cuál es la mejor bolsa para los desechos que enviamos a vertederos y rellenos sanitarios?

Para responder esta pregunta, es importante entender por qué necesitamos enviar los desechos en bolsas en primer lugar. Aquellos lugares donde se suelen enviar los desechos sin bolsas son basurales a cielo abierto. En los rellenos sanitarios y vertederos los desechos deben ir en bolsa ya que la presencia de ésta busca detener la creación de lixiviados, controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, generar una barrera contra plagas, vectores de enfermedades y malos olores y evitar la dispersión de residuos y microplásticos. Dado todo lo anterior, es que la bolsa que elijamos para enviar los desechos a vertederos y rellenos sanitarios debe tener la capacidad de mantener los desechos encapsulados por la mayor cantidad de tiempo posible.

Las bolsas compostables fueron diseñadas para transformarse en compost pero bajo condiciones específicas, ya sean éstas para compostaje industrial o residencial. Es decir, al poco tiempo de uso estas bolsas se rompen, exponiendo el residuo, permeando éste a la tierra y liberando malos olores al entorno.

Las bolsas biodegradables, al igual que las compostables, tarde o temprano comenzarán a fragmentarse de manera irregular. Al no haber luz ni oxígeno para una degradación uniforme, la bolsa simplemente se debilita y se rompe. En ese momento pierde por completo su función aisladora, dejando todos los residuos expuestos al interior del relleno sanitario o vertedero.

Por ende, las bolsas compostables y biodegradables no son idóneas para enviar desechos a rellenos sanitarios ni vertederos.

En el caso de las bolsas de plástico convencional, generalmente fabricadas a partir de derivados del petróleo, éstas pueden tardar cientos de años en degradarse. Su descomposición ocurre lentamente y depende de factores como la exposición al oxígeno, calor y radiación ultravioleta.

Por otro lado, las bolsas fabricadas con plástico reciclado tienen un comportamiento similar a las de plástico convencional,in embargo, presentan una ventaja importante: aprovechan materiales que ya existen en el sistema y evitan la producción de plástico virgen, reduciendo el impacto asociado a su fabricación.

En definitiva, el desempeño ambiental de una bolsa no depende solamente de su material, sino también de dónde termina y cómo se comporta allí. Entonces, ¿cuál es la mejor alternativa?

“ Si hablamos de residuos que inevitablemente terminarán en vertederos o rellenos sanitarios, las bolsas fabricadas con plástico reciclado son la alternativa más responsable, ya que permiten mantener materiales en uso y reducir la demanda de plástico virgen”, dice Vicente Peró, Gerente de Administración, Finanzas y Operaciones de BZero.