
Durante los últimos años se han multiplicado los puntos de reciclaje, las campañas ambientales y las alternativas para gestionar residuos de manera más sostenible. Sin embargo, los resultados globales siguen mostrando una realidad desafiante.
Según la ONU, sólo el 9% del plástico producido en la historia ha sido reciclado. Del 91% restante, el 12% es incinerado y el 79% terminó en vertederos o directamente “suelto” en el medio ambiente.
Esta cifra nos deja una pregunta: si existen más alternativas para reciclar que nunca, ¿por qué seguimos reciclando tan poco? Una parte importante de la respuesta está en las personas.
Contar con infraestructura adecuada es fundamental para cualquier programa de gestión de residuos. Sin embargo, disponer contenedores o implementar sistemas de valorización no garantiza, por sí solo, que las personas los utilicen correctamente.
Lo que marca la diferencia
La separación en origen, el reciclaje y la valorización dependen de decisiones cotidianas que toman cientos o miles de personas dentro de una organización, edificio o comunidad. Por eso mismo es que el éxito de un programa no depende únicamente de la operación, también depende de la cultura.
“No se construye la cultura solo poniendo un cartel. Es necesario involucrar a los usuarios, comprometérlos y sensibilizarlos. Que todos sientan que su aporte es clave para lograr el éxito del programa y disminuir la basura”, indica Teresita Vial, Gerente de Cultura y Comunidades de BZero.
Uno de los principales desafíos de los programas enfocados en disminuir la basura es entregar el conocimiento a las personas y que se traduzca en actos concretos. Mucha gente no sabe la importancia de reciclar, y los que saben no siempre traducen su conocimiento en actos que impacten en la generación de residuos.
Para lograrlo es necesario generar comprensión, participación y sentido de pertenencia y responsabilidad. Cuando las personas entienden por qué se implementa un programa, cómo funciona y cuál es su rol y el impacto de sus acciones, la participación aumenta y los resultados mejoran.
“En BZero entendemos que los programas de gestión de residuos deben abordar tanto los aspectos operativos como los culturales. Por eso implementamos programas integrales que combinan infraestructura, operación, trazabilidad, capacitación y acompañamiento permanente. Esto incluye la formación de los distintos actores involucrados, actividades de sensibilización, intervenciones comunitarias, materiales de apoyo y espacios de seguimiento enfocados en la mejora continua”, detalla Teresita.
El objetivo es que la gestión de residuos deje de depender de esfuerzos aislados y se convierta en una práctica colectiva inculcada en la cultura de la organización y por ende un activo de la misma. Si quieres empezar a recorrer el camino a Basura Cero con tu organización escríbenos a contacto@bzero.cl
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