
A nivel local y global estamos en un punto crítico de generación de residuos. De acuerdo al informe del Programa para el Medio Ambiente de la ONU, El fin de la era de los residuos: Transformación de la basura en recursos, entre los años 2020 y 2050 se estima que la generación de residuos sólidos urbanos por año aumente de 2.100 millones de toneladas a 3.800 millones.
El panorama local no queda atrás. Según el Reporte del Estado del Medio Ambiente 2025, realizado por el Ministerio del Medio Ambiente, la generación de los residuos municipales, entre los años 2015 y 2023, varió entre 7,2 y 9 millones de toneladas anuales. Además, en la Radiografía de los residuos domiciliarios municipales, desarrollada por Kyklos con el apoyo de la Asociación Chilena de Municipalidades, se identifica que el 87% de los residuos se dispone en rellenos sanitarios.
En ese contexto es que la educación ambiental y las comunidades se vuelven clave. Avanzar hacia una mejor gestión de residuos en un edificio o centro comercial, por ejemplo, no depende sólo de acciones aisladas, requiere de un cambio estructural y cultural que motive a las personas a pasar de gestionar residuos al final del proceso a hacerlo desde el origen, pasando de eliminar a valorizar los materiales.
“Cuando los residuos no se gestionan correctamente desde el inicio, pierden valor, se contaminan y se vuelven mucho más difíciles o imposibles de recuperar. Pero si involucras a las personas, provees la infraestructura y el servicio de retiros de los residuos, se entiende el por qué y el para qué de todo esto y se vuelven parte de un objetivo común, cambia todo”, señala Ignacio Ovalle, Gerente General de BZero.
En BZero, señalan, entienden el concepto de Basura Cero no como una promesa perfecta, sino como un camino el cual hay que recorrer de la mano de varios actores, incluyendo comunidades. “Es un proceso gradual que permite avanzar hacia una gestión más eficiente y consciente de los residuos. Avanzar, sin incluso llegar a un cero absoluto, genera un gran impacto que no se puede perder”, dice Ovalle.
Las empresas y organizaciones tienen un rol clave en habilitar espacios para estos cambios, pero son las comunidades quienes en la práctica permiten que los sistemas funcionen. La educación ambiental, la participación y la cultura permiten que la gestión de residuos no sea una obligación más, sino que se transforme en un hábito con sentido.
Porque el verdadero desafío no es eliminar la basura de nuestra vista, sino cambiar la relación que tenemos con ella. Comienza este camino escribiéndonos a contacto@bzero.cl.
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